domingo, 4 de enero de 2009

Senit

Trazo las llamas de tu cuerpo
trenzas la vida en un suspiro
tientas al aire con tu aliento
tiemblan las caricias que respiro
sudan las lágrimas mil besos
siembran un mundo de silencios
sacuden la cordura de tus senos
los brazos ahogados en desiertos
y te buscas en el olvido
y te encuentras en una huella
y te pierdes entre quejidos
en la locura de la tormenta
caen espasmos entre mis miedos
caen sintagmas entre tus piernas
caen vacios sobre mis sueños
caen todos ya sin conciencia
y se ilusiona mi Prometeo
con la promesa de algún consuelo
pues hace años que ya no veo
más que misería mordiendo el suelo

Y al fin, vuelves aquí
sobre la vida que llega al cenit
y al fin, caes sin ti
bajo las sombras de un mar de marfil.

martes, 8 de abril de 2008

Redención

Veo tu voz en el alba amor
y en cada atardecer
siento que llueves un gran dolor
y es mi culpa lo sé
oigo tu miedo nombrándome hoy
suplicando otra vez
hacia el castigo cayendo voy
estoy ciego, ¿lo ves?
Mi amor no sabe amar
lo siento no hay piedad
tu silencio susurro mi nombre, en soledad
Ya se hace tarde para el perdón
y no lo pediré
Pues cometí uno y otro error
te dañe, ¿sin pensar?
Mi amor no sabe amar
lo siento no hay piedad
tu silencio susurro mi nombre, tanto mal
Coro: Oye mi voz, vengo a decirte que todo acabó
en mi corazón, todo murió, debes seguir adelante
Oye mi voz, debes borrarme del mundo amor
para encontrar, la salvación, debes dejar de amarme
(Coro)
Oigo tu piel en el bosque amor
y en cada tempestad
he de marcharme pues soy tu dolor
mi nombre, humanidad
Mi amor no sabe amar
lo siento no hay piedad
tu silencio susurro mi nombre, madre tierra.
PD: De vuelta a las pistas :D

miércoles, 24 de octubre de 2007

Mi estúpida Canción

Podría escribir una estúpida canción
Que reflexione sobre el tiempo o las rozas
Sobre imposibilidades y vagas certezas
Algo de oxímoron o alcohol
Podría narrar fantasías medievales
Algo de Eddas entre musas sin voz
Cantar el silencio ciego del aedo
Entre prados dormidos en flor, de loto
Podría soñar con historias de ficción
Esas de mañanas que son pasado fugado
Implantes sociales, atisbos olvidados
Cuentos de sangre, polvo y dolor
Mas hoy quiero el a – Dios
Adornarme al silencio
Perpetuarme sin vos
Pues hoy quiero nacer
En la muerte del ayer
En el viento del ocaso
En la calma ya sin piel
Hoy quiero vagar, entre témpanos de sal
No volver la vista atrás, no intentar recomenzar
Hoy quiero morir, entre estigmas resurgir
Ser uno con el dolor, florecer sin interior
Hoy quiero escribir, está estúpida canción
En la cuita del ayer, en futuro sin razón
Hoy quiero partir, en estúpida misión
Liberar mi soledad, apresar todo el amor
Pues hoy he de buscar, un estúpido colchón
Que sueñe sin cesar, entre playas ya sin mar
Mas hoy quiero vivir, entre piedras resurgir
Hoy quiero luchar, junto a toda tempestad
Pues hoy he de cantar, esta estúpida canción
Pues no quiero abandonar, quiero ser solo dolor
Hoy han de escuchar, mi estúpida canción
El ocaso del silencio, la verdad de mi Alma
Amor…

lunes, 10 de septiembre de 2007

Truenos de Acero

Ahuyentar la amarga cuesta atrás
Sin pensar que nada cambiará
Dejemos ayer los barrotes, arder
Las venas explotando en notas de antes
Cruzando portales, la rosa es la llave
Envuelta en el manto de acero
Cruenta es la lucha detrás del cristal
Estandarte en las venas que escallan el cuerpo
Frente al enemigo de fuego las Voces alzar
¡Soy el pirata Escarlata, cruel, titánico!
El Huno saciando el alcoholismo de la ira
Cruzo los mares atracando en la bahía de la rosa
Surco la libertad en las llanuras desafiando todo imperio
Mi voz se eleva aullando desde los abismos
Recorriendo campos como una eterna llama blanca
Sembrando la locura, golpeando la lira allende el mar
Vengando el dolor, cabalgando en los fríos campos del olvido
Apurando la vida en cada ronda te vas
Otra vez, el corazón empapa al sudor
¡Gritas! ¡Aullidos! ¡Grito! ¡Dulce veneno!
Chutes metálicos, sonidos que detienen al sol
Besando la lluviosa noche, cabalgando una musa acerina
Por las calles,
Arrastrado, el hogar queda en los rincones
Destronado el reloj
Desacralizada tradición, arden los torquemadas
El mundo reducido a cenizas por las llamas
La eterna llama de la libertad
Con la rosa de acero ocasea el silencio
Creo en la sed de sangre, mas
En la imitatio No
Libertad
Matices
Sueños
Voces
Gris
Ron

I

sábado, 1 de septiembre de 2007

El Abismo

Deja tu mente en blanco…

Exacto, ahora hagamos un viaje
Un viaje al más acá
Pues al más allá hemos ido demasiadas veces,
Tantas que ya se vuelve cliché.
Ven, acércate un poco, conversemos
Pues Dostoyevski habría preferido oír voces,
En vez de sentarse a mirar un estúpido Santiago.
Ahora hablemos, o leámonos, como gustes
Cuéntame, ¿Qué has visto tras el cristal?
¿Amor, letras, memorias, metáforas o vacío?
Es la muerte algo que ronda entre las rosas
¿O es que acaso te olvidas del ayer?

Es la memoria una fútil silueta ante el olvido
Y tú, querrías prestarme tu atención
¿O mi pluma de ave caída no te mueve a nada?
¿Seré acaso un Azor sin alas?
¿Un vagabundo que te pide una moneda en la esquina,
Sin saber que la esquina no le pertenece?
Lo que pasa es que sólo somos Vampiros en la noche de la Rosa
Anhelamos la sangre de los caídos en el museo de Roland
Pues sí, somos yo, y soy otros
O varias si pensamos en Genette
¿Y tú?
¿Cuántos sois?

Hay cosas variables y otras peores
Hay cosas temibles más acá de nos/otros
La caída del silencio es eterna
Pues la quimera de la letra es etérea
El ocaso del silencio no ha de llegar, creo
Y si llega, en silencio volverá
En él - mundo del espejo es tu rostro
Y los trozos de la caída en mi vida
Entre nosotros y ustedes sólo hay vidrio
Y los números de partida somos tres
Los que oyes, los que leen y el ausente
Más los Ecos de las Voces de los muertos…

miércoles, 22 de agosto de 2007

La Creación

En la Séptima Era el hombre se alzó y comenzó a caminar, dejando atrás bastón, excusas y tabúes. Al ver esto, Dios y el Diablo preguntaron:
- Padre, ¿por qué nos has abandonado?
Por respuesta obtuvieron acordes de alas, acero y silencio. Ninguno de los dos comprendió nada, no podían creer que fueran remplazados por tal ambigüedad.
Dios lloró su desgracia. El Diablo río ante su derrota, no supo como lamentarse.

Y el hombre se cansó de descansar.

martes, 21 de agosto de 2007

Voces

Canta Oh! pérfida musa los mitos del dolor
Que ya sólo se escuchan memorias de robots
Acaso ¿has olvidado las glorias troyanas?
¿O esas tragedias y comedias, griegas o romanas?
¿Dónde quedan los andantes caballeros?
Esos de gestas, romances o corteses
¿Dónde queda el grandioso siglo doce del oscuro medioevo?
Ese renacimiento desconocido por historiadores
Esos tiempos de trois, eddas, nibelungos y kalevalas
¿Y qué hay de los siglos de oro?
¿Se halla perdido manierismo y barroco?
Todo lo ha coartado el de la figura alicaída
¿Habrá sido aquél quien destronó al dios?
Y no lo fue el del cuerno y el cantar
Quién más que criminal sólo realizo la autopsia
Y después comienzan los apéndices
Aquél que le cantaba al pirata
U otro que tejía pétalos obsidianas
Alguno que hablo con su dios entre las brumas
Y ese que era metáfora en seis patas

I
El Guardián del Reino

Alicaída era la noche, las estrellas y los dioses. También el hado que entonaba mi espada desde un rincón, insumisa creía poder huir al augurio del vate. Sí, sin duda todo se hallaba alicaído, no era más que la risa de un loco mortal, ese loco que tensa una y otra vez las hebras del telar, hasta que una a una se cortan para ser nuevamente tejidas en otros tonos, otros dibujos, otros sinos.
Recuerdos vagan como letales sombras en la penumbra del ayer, susurran al viento con enlutadas voces, verdades de amargos funerales, donde un reino agonizaba en las manos de un titán. Era parte de una azul esfera, mas ahora todo se ahoga entre caretas insondables, ocultas realidades que justifican mi dolor, la tierra ciega de rabia, la cólera de aquél que una y otra vez me destina a no obtener, a caer, a morder el polvo, pero cada vez hace que me enorgullezca más de mis errores, de mi humana condición.
Siempre me pierdo en ensoñaciones, divagaciones y símiles, he ahí mi castigo, el soñar muy alto hace más amarga la caída, burla de la altiva firma de aquellos que disponen mi final. Pero ya basta de pensamientos de sentencias eternas, pues alguien se acerca, escucho los pasos, quizás es como la arena que golpetea y golpetea mi rostro, como una última risa ante la agonía, mas puede que no sea la cantante de mi última nana la que se acerca, posiblemente sea alguien más, o sólo mi imaginación, pues ya es costumbre ser victima de mi mismo…
Pisadas… pisadas…
Mientras los Ecos se desvanecen, despierto en un cuarto oscuro, siento los ruidos de la gran ciudad a mis pies, me levanto, aún cansado, como si hubiese dormido apenas unos minutos. No ha sido para nada reparador, pienso mientras élla abre las cortinas de la ventana. Las luces comienzan a penetrar – me – acerco al balcón. Al observar la ciudad recuerdo el sueño, lejano, mas presente. Fue como una vida, quizás fue una vida, perdida y olvidada por mi alma. Los autos se pasean como hormigas, con sus humanas cargas de humanas cargas a cuestas, y yo sigo pensando en el ayer, o quizás sólo la creación de mi mente aletargada. Quizás signifique algo, una vida pasada, o simplemente un oráculo metafórico que me profetiza algo. Élla enciende un cigarro, me ofrece, aspiro el aroma que se mezcla con el otro, ese que brota del recuerdo de unas horas antes entre las sabanas. Y recuerdo algo más, pero todo es vago. Me tiendo en la cama, quizás sea un sueño por capítulos. Bueno, pronto lo sabré.

Se arrastra la locura sobre la ciudad
O - cultos en la avaricia, un lodo
Venenos de amoríos prohibidos
En condena de pantomimas
O - diosas caretas que se alzan
Sobre troncos equinos
El polvo muerdo ante él
Hijo de la Menis
Primo del destino
Cruel de mi condena
Observar flancos sobre cuerdas
Yacer lejos de mis hierbas
Lejos de mi hijo, y mi blanca rosa
Negra y cruel manceba
Oj - Alá Afrodita fuese más bella
Caigo finalmente en los brazos
Del mal hermano sin monedas

II
El Hijo del Dragón

Soy el hijo del dragón, la estirpe del destino, la herencia del dolor. Hubiese sido mejor haber sido un campesino toda mi vida, mas he recogido la espada del rincón, ese al que nadie más que yo podía acceder, y como una lluvia de fugaces estrellas, me cuelo en la historia para desaparecer casi en un segundo, todo por culpa del anciano y de mi padre, como pronto será de mi hijo, esa amarga hoja de dos filos que se hace llamar legado, que no es otra cosa más que torres de cristal, pues fácil es cupir veneno y cubrirse detrás del manto de la justicia, la justicia de un imperio que se derrumba.
Se avecinan los vientos de Camlann, el rumor del letargo, pues no hay muerte entre las nieblas de la isla. Mas antes he de pecar, he de sesgar las vidas más inocentes, si, el triste hado de los hombres justos, o que nos llamamos de esa forma a nosotros mismos, para dar una expiación a nuestra alma de cristal, que brilla ante la historia y el mito, pero no refleja la verdad. Otros habrán de pecar ante mí, mi honor será mancillado por los seres más preciados, dama y caballero de un amargo relato, pues mis propias culpas los harán culpables, y mi propio sino mellará el camino…
Camino… camino…
Entre las sombras vestidas de blanco, entre paredes vestidas de blanco, entre la bestia que sojuzgo a madre, me alzo para consumirlo todo, para que el blanco se vuelva rojo de venganza, para que todo arda con la llama eterna que algún titán me lego, y que se expresa como rosas ante mis ojos, ante mis gemelas fuentes de ira, ante la insaciable furia de mi subconsciente.
Regreso. En mi apartamento élla aún espera. Semidesnuda como siempre en el Balcón. - Ya es hora. - Mas creo que falta un poco más. Pido tiempo. Caigo en la cama, exhausto, más no quiero dormir, es una tortura. Cada vez vuelven esos malditos sueños. Uno, el lejano, arcano, profundo. Una familia, un hijo, estirpe de acero, coraje de piedra, en fin, vida de honor. Otro, absurdo, terrorífico, fuego, explosiones, súplicas, ojos enfermos y una mente peor. No entiendo nada, pienso que quizás sean otras vidas, anteriores. Pero, luego medito, el primero podría ser, mas ¿el segundo? Se me hace muy cercano, más notorio, sin sephia. Quizás nada es real, o todos, pues en mentes atormentadas todo cabe, al fin y al cabo ¿quién puede apuntar desde el trono de la cordura? Mmm, cada vez se me hace más atractiva la idea de envolverme en su cuerpo, lanzarme entre sus velos, hacía ese más allá. Pero no se, intentaré dormir aunque duela. ¿Démosle otra vuelta?

Entre llanuras olvidadas
Camlann se pierde en los vientos
Tiempo que se arrastra en el miedo
A – trazo la verdad
Caretas del mal sin llanto ni graal
En Glastonbury he de esperar
A – guarda mi cuerpo
El momento de la ceniza
El polvo del linaje
Y la barca de las hadas
Vagando entre las nieblas
Por el tiempo he de llorar
Un himno de soledad
Sin gloria, sin honor
Cruel historia
Por siempre navegar
A – cierta soledad
De pecados cargados de dolor
Caer rendido a sus pies
Caer rendido de nuevo al heroísmo
Caer por siempre ante mi sino

III
El del Cuerno y el Cantar

Sobrino del poder, hijo del orgullo y hermano de la furia, de muchas formas puedo nombrarme, pero ahí algunas más acertadas. Mas no ahí palabras que den cabida, a mi negativa, con el ocaso del silencio, mi necedad ante la necesidad, o mi sordera ciega de glorias de un celeste opaco, mi absurda voluntad de un mal que nadie quiso, y que sólo mi alma enferma trajo. A doce arrastre conmigo, a doce les llego la última nana, incluso al más fiel y sensato hube de negarle el cuerno y con él, la vida. La cruz nos bendijo, es más, lucho hombro a hombro a nuestro lado, enhiesta contra la traición y felonía.
El enemigo era no sólo media luna en su estandarte, sino que estrellas parecían en número y aceros de muerte, llevando a cabo su veneno, desde las sierras llovían, bajo las sierras yaciera, desde el elevado complot otrora celeste, sólo bajaba un canto silente, magra y negra la caída, corta es en gloria nuestra vida.
Uno a uno van siendo, sólo un retrato en el recuerdo, pues aún a Olifante he de - negar, el ocaso del silencio del orgullo, una firma ante el contrato con Eolo, sin temor, sólo honor, cruel tormento, sólo gloria de mausoleos sin victoria, celebrando la derrota, elevando las plegarias por los pares, esos rostros esculpidos por mi puño, pues mi mano hizo trazos de sus sombras, pues mi honra es el paria que les trae a la dama, quién los ama hasta el polvo, de los huesos.
Mi madre, oh! Si la recuerdo, recuerdo el dolor, no había nada, en tanto no había seguro, nada se podía hacer, y la Menis hizo el trabajo sucio, los ojos en llamas se expandieron como metonimias ante el blanco, ante todo…
Nadie me creyó. Primero la policía dijo que había sido un atentado, que lamentaban lo de mi madre, pero que yo no tenía nada que ver, que diera gracias de haber salido sin ningún rasguño. Al fin y al cabo el hospital se vino abajo. Seguí diciendo que no me había podido controlar, que mi madre estaba mal y el maldito seguro no cubría nada. Horas después en el hotel involuntario, así le decía Cuthbert, pobre, siempre quiso que me lo llevará conmigo, y en cierta forma así fue, forma literaria, lugar de ironía, el doctor me contestaba que me creía todo, que el les creía a todos, pues realmente decían la verdad, los locos dicen la verdad, además yo igual le creía, pues aunque el mintiera, yo debía estar encerrado.
Vuelvo a despertar, sigo con esos sueños, miró a la ventana, ella sigue hay, esperándome. Su sola vista me susurra cuando estés listo.
Creo que ya han pasado muchas cosas por mi cabeza, puede ser que ya este preparado, aunque el miedo siempre consigue cercenar mis alas. Élla aún sigue ahí impertérrita, pero sensual, me insita a hundirme en lo profundo del abismo, cercado por las musas del viento.Mejor aguardare un poco más antes de abrazarla… puede ser que ellos regresen a mi.

He de seguir en pie
Ellos han de pagar caro mi caída
Seré uno con mi estandarte
Enhiesto pese a mis heridas
El enemigo va y viene
Mis amigos yacen a mis pies
A todos amaba, mas uno
A de ser mi peor culpa
Ya estoy bendecido por otro cuerpo
Dispuesto a morir, sin lamentos
Que vengan a por mí
Amarrado a mi bandera
He de plantarles frente
El coraje será mi aliado
El mismo que me hace pecar, errar
Me da fuerzas para ir más allá
A por ellos ha de ser mi última nana
Al final sólo una dama
Y plumas caerán de las alas
Quebrado el baluarte más duro
En la media luna no ha de caer
Al final el ocaso del silencio llega
Alzo cuerno postrimero
He pagado cuentas al orgullo
Y la dama entona la nana
Mis heridas ya no sangran
Sólo mi alma llora mis errores
Y finalmente caigo ante la fe


IV
Manchas en la Mente

En un lugar de las manchas en la mente, donde el recuerdo se destiñe de nombres y sitios, no hay tiempo que regrese ni glorias que perduren, sólo hidalguías asesinas, lanzas sangrientas, yelmos corroídos, babiecas mortecinas y aullido sin voz.
Hace un tiempo, o mucho tiempo, no es que he de importar, ansiaba ser escritor, mas cuenta hube de darme que sólo aullido soy, lugar de silencio, tierra de nadie. Esto siempre debió de ir más abajo, mas aquí ha quedado, pues la mancha más importante sólo tres líneas a dado. Tomando lo primero, o más bien lo cuarto, en cuenta, me he visto en la obligación del hurto, robar los hijos, vampirizar sus voces, para poder así dar a luz algún engendro que haya de llamarme padre.
Hay voces en mi mente, manchas, siluetas sombrías de algo diáfano, podría llamarlo locura, pero ¿qué es cordura?, si a bien tienes. Sentado en mi trono juzgo, y mis veredictos son siempre capitales, hay algunos que escapan del juicio, pero nadie podrá huir eternamente, y al fin y al cabo, nadie acabará con mi reinado de cuatrocientos dos años, o trescientos noventa y dos, no lo recuerdo bien, el desocupado e - lector es quién realmente lo sabe.
Ya en gestación se haya mi Frankenstein, portador de su eterna llama, robada al Único, al igual que su padre roba cuerpos, o más bien dicho cuerdas. La locura cercena la cordura, tiñe con cólera el hotel involuntario, mueren justos y pecadores, ambos constructos ideológicos que nadie son para salvar.
La Ruina nuevamente bajo mis pies, podría llamarme perfectamente Aquiles, pues todo lo que toco se marchita. Mi madre menguo con mi luz, no tuve patria que defender y por la que morir como otro, sólo venganza. No tuve un reino, ni reina que amar, solo un amigo y la masacre. No tuve un modo de pedir ayuda, mi único orgullo, no fue la gloria, sino mi anonimato, pues nadie me creía, nadie oiría mi anacora. Con ellos sólo nos une el dolor, y con el más grande de todos, además la locura, como reza la canción.
“[…] ¡No! Oírte me hace dejar de vivir
Quiero escapar de tu reino de dolor
Devuélveme la razón de existir
Me despiertas rabia y rencor
Malditos moriréis
Cumpliréis vuestra pena por traición
El fuego quemará
Vuestras almas llenas de ambición
Despierto que la vida es frágil
Por eso vengo a salvarlos del mal
Limpiando vuestras mentes
Llenas de su obsesión por volver
A momentos de lucidez
Así es mi existencia
Un delirio continuo sin fin […]”
[1]

Al final dolor y muerte, todo se reduce siempre a lo mismo, a cenizas. ¿Qué nos queda?, ¿la vida?, que en el fondo es contradicción y como tal locura, en tanto la libertad no es otra cosa que volvernos concientes de que el buscar vivir libre, no es más que otra prisión, pues es sólo otro graal, una búsqueda infructuosa, y es por esto que al llegar la última nana, lo único que queda es el miedo, y ante él dos opciones, renunciamos a la libertad, a la locura, para volver a abrazar a - Dios, o nos mantenemos firme ante el mayor miedo de la humanidad y mordemos el polvo presos de la libertad.
Me despierta su voz en el balcón, ella me llama nuevamente, esta vez me siento sobre la cama, enciendo un cigarrillo, aspiro los aromas del dolor, miro a través de la ventana la lluvia que ensordece, mas mi musa me canta, me llama como la Valkiria entre los bramidos de Thor, uno de sus relámpagos me nubla la vista, oigo las voces, me levanto, camino lentamente hacia el balcón sin verlo, sólo oyendo la música de la lira, que ella tañe al fin para mi, siento como canta, ella que canto para muchos antes que yo, mas para mi no, sólo canta canciones arcaicas, salgo al balcón y siento como el agua acaricia mi piel, se que es sólo el preámbulo de lo que viene, ahora haremos el amor, mis aullidos desgarrarán la noche, y me apropiare de los acordes ajenos, iré a engendrar mi engendro, mi locura, mi plagio, mi intertexto, o como quiera llamarle el desocupado e – lector.
Y al parir – me quedo solo…
Y al Ocaso del Silencio me quedo afónico…


[1] Sphinx Momentos de lucidez en disco “Mar de Dioses”. Estudios La Factoría y Estudios la nave. Cádiz, 2003.